Cuando hay poesía en tus palabras todo es mas fácil.
Hasta el planeta Tierra parece girar mas deprisa.
Como si de pronto hubiese perdido su eje de rotación.
Tal y como cuando caes en picado a una piscina caliente en pleno invierno.
O a un manantial, ese que solo conoces en fotos y que está en mitad de la montaña.
Una montaña tan enorme y tan pura como el sonido de tu risa.
Como lo que provocas en cualquier persona que te mira y averigua
el cantar de los pájaros que pian en tu interior.
Esos que alimentas con trozos de esperanza y sobretodo de ganas.
De fuerza y energía.
Como cuando coges esa avión y piensas en las infinitas posibilidades que se abren ante tí.
Como si la vida no estuviese plagada de miles y miles de probabilidades que te golpean suavemente, con el vaivén de esas olas que la montaña y el manantial han dejado paso.
Como si el paraíso fuese el que te buscase a ti. Como si no fuese comparable con todo lo que llevas dentro, aunque a veces ni tú te lo creas. Aunque algunas veces ni tan siquiera reconozcas que eres un jodido milagro. Si, he usado un taco, y tú mereces que los use a diario para enfatizar con ansias lo que trasmites a este mundo.
Vaya, que ironía que a pesar de que captes la atención de muchos ojos, no seas capaz de verte.
Aunque seas capaz de coger el agua de ese manantial y convertirla en el paraíso que llevas dentro, como esas personas que tienen el don de hacernos sentir cómodas.
Ese don que cualquiera puede sentir al mirarte a los ojos, al reflejo de tu alma y del universo. Al verso que no sale de la cabeza, sino del corazón quemando todo lugar por el que pasa. Arrasando cada segundo y cada momento, de la misma forma en la que el huracán arrasa por allí donde va.
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